El Engaño de la New Age

El verdadero engaño de la New Age, de la espiritualidad organizada es convencerte de que no hay una fuente del mal, de que la maldad no tiene una verdadera intención de hacer el mal, sino que es un ser humano normal que está lidiando con sus propios traumas y con ello ayudándote a tí a ser mejor persona. Por lo tanto los humanos que están siendo atacados y depredados por estos malignos son obligados y hostigados a buscar dentro de ellos la fuente del mal, de la incapacidad de avanzar, de la incapacidad de perdonar.

El humano acaba agotándose emocionalmente y convenciéndose de que el origen de su mal está en él, cuando el origen es ese demonio no identificado y glorificado por ser el maestro zen que te refleja lo que tu eres para que lo puedas transmutar, engañando aún más a la persona sobre el verdadero origen de su sufrimiento y culpabilizandola por ello. En ocasiones llevándola al abismo y en otras desvirtuando tanto quién es en realidad que necesita disociarse de sí misma por la falta de coherencia interna, y acaba pasando al otro lado convencida de su maldad. Este es el mayor triunfo para el psicópata, convertir a un Humano en reptiliano, que entregue el poder de sus chacras superiores y funcione sólo con los tres inferiores. Las energías primarias de la supervivencia, el constante estado de alerta.

El humano debe darse cuenta que sí hay personas y organismos malignos, que no comparten los códigos innatos de inocencia y moral del ser humano. Que conspiran contra los humanos de forma consciente y que viven entre nosotros como si fuesen humanos. Es difícil vencer en un juego si las reglas del juego son diferentes para los concursantes, si una parte se las puede saltar todas y además sin que el concursante perjudicado lo sepa, el juego se le va a complicar sustancialmente. Ayuda a entender mejor las reglas del juego el saber que el mal se disfraza de bien, dice querer el bien, pero sus intenciones son totalmente opuestas a lo que dice y todo lo que haga será para complacer esas intenciones malignas. El mal siempre culpará al bien por sus desgracias, por sus fracasos, por su ineptitud, por su falta de solidaridad, cuando todo ello ha sido cuidadosamente manipulado y ejecutado por el mal conscientemente. El bien, como quiere estar en coherencia con su esencia se cuestionará su bondad, su actitud, sus acciones, y debe saber que no es culpable, que no es inadecuado, que no es defectuoso, que ha sido saboteado.

Los humanos tenemos como motor una vibración mayor, la vibración del corazón, de la consciencia innata del bien y del mal. En esta batalla contra el traicionero mal se pondrá al humano una y otra vez en situaciones de profundo miedo, pavor, inseguridad interna, situaciones de desesperación en las que va a tener que escoger entre seguir con esa consciencia innata de lo que es digno, ético, justo, honesto, o por una promesa de seguridad doblegar sus principios y entregar la voluntad de su ser al mal a cambio de una promesa que siempre será incumplida. Lo único que te mantendrá en el lado luminoso es vencer el miedo a la pobreza o a la soledad, y seguir eligiendo el bien, lo que tu corazón te dicta, lo que está en coherencia con tus valores, con lo que tú sabes que es bueno, que es sano, que es fresco, que es verdadero y duradero. La respuesta siempre es amor, empezando por el amor a uno mismo.

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Estela Davila